dimecres, 19 de març de 2014

PRESIÓN Y DEPORTE

Presión y deporte, una mala combinación para los niños

04/03/2014
El deporte es una muy buena opción para que los niños se lo pasen bien, se mantengan en forma, fomenten la amistad con otros compañeros y mejoren sus habilidades deportivas.
No obstante, la línea que separa la diversión de la presión competitiva que reciben muchos es muy difusa, y la exigencia por ganar y el éxito se convierten en la tónica habitual en muchos partidos. 
En algunos casos es el propio niño el que se exige demasiado a sí mismo y se autopresiona, pero en la mayoría de los casos la presión deportiva viene por la influencia de los adultos de su entorno: el niño cree que sólo si gana el partido acabará satisfaciendo las expectativas de su padre o entrenador y de esta manera conseguirá la aprobación del adulto al cual respeta.
En todo caso, cómo los niños vivan y experimenten la presión deportiva les repercutirá no sólo en el campo de juego sino en todos los aspectos de su vida diaria.

Cómo repercute el estrés sobre el rendimiento

Por un lado, el estrés prepara al cuerpo para afrontar los retos con concentración, fuerza, resistencia y un nivel de alerta acrecentado.
Por otro lado, un exceso de estrés puede agotar la energía y el empuje del niño, provocando una sensación de agotamiento y de sentirse "quemado" con el deporte.

Cómo los padres pueden ayudar

En primer lugar, es importante que el entorno familiar sepa detectar la diferencia entre si el niño sufre estrés, y si este es positivo o negativo. Detectarlo es relativamente sencillo, simplemente estando alerta en las interacciones del niño durante el partido ya es un buen comienzo. Los padres pueden cuestionarse ciertas preguntas: ¿Cómo encaja los errores? ¿Tiene un espíritu deportivo o se le descontrolan fácilmente las emociones?, etc.
Más complicado es detectar cuál es el papel que los adultos de confianza desempeñan en cómo el niño aborda las situaciones estresantes. Por ejemplo, los padres que enfatizan demasiado los logros deportivos de sus hijos corren el riesgo de estresarlos más. Además, muy a menudo este tipo de padres suelen reaccionar de mala manera cuando su hijo comete un fallo o se salta un entrenamiento, y esto puede provocar que los niños actúen de la misma forma, desaprovechando una oportunidad de que aprendan a resolver los problemas, a gestionar sus emociones y a desarrollar la resistencia.
Lógicamente es bueno que el niño vea que sus padres se interesan por sus actividades, pero la línea que separa el animar del apretarlo demasiado es muy fina y hay que ser prudente.
Otro consejo es que los padres elogien el esfuerzo de su hijo y de sus compañeros, incluso cuando pierdan, y ofrecerles críticas constructivas. Es importante aprovechar la multitud de valores positivos asociados al deporte como vía de transmisión de lecciones al niño: el trabajo en equipo, el compañerismo, la superación de retos, el saber ganar y el saber perder, etc. son valores que acompañarán al niño y que le servirán para aplicar en cualquier situación de su vida diaria.
En ningún caso el niño debe sentir que tiene que ser perfecto, todo el mundo comete errores y debemos saber perdonar y aprender de los errores.
A veces, los niños no quieren practicar un determinado deporte pero no saben cómo decírselo a sus padres. Por lo tanto, hay que preguntar al niño si le gusta practicar el deporte elegido o si solo lo hace para complacer a sus padres.